En las alcantarillas, cerca de una verdulería, vivía un ratoncito de color blanco llamado José. Cuando el verdulero se iba, el ratoncito se daba unos buenos banquetes con las sobras que quedaban esparcidas por la vereda. Él era muy tranquilo, humilde, le gustaba mucho jugar y reír con sus amigos, pero lo que más le agradaba, era dormir. Sin embargo, hacía varios días que Pedro, su vecino, organizaba grandes fiestas casi todas las noches, a las que asistían ratones de toda la ciudad y se quedaban bailando y gritando hasta entrada la mañana. Reiteradas veces José le pidió a su vecino que disminuyera, al menos un poco, el sonido de la música y que sus invitados no gritaran tanto, pero él no hacía caso, sólo le importaban sus fiestas y pasarla bien.
Un día, José no soportó más tanto ruido, comenzó a caminar, iba y venía, pensaba y pensaba pero ninguna idea aparecía. Al cabo de unos cuantos pasos más, se sentó para descansar sus patitas y en ese momento: Plin! se le había ocurrido una idea! Dió un salto y dijo que iba a organizar la fiesta más espectacular de todo el planeta. Por varios días estuvo juntando alimentos y decorando su humilde morada, hizo invitaciones para todos los ratoncitos de su propia ciudad como así también para los de ciudades cercanas. Cuando Pedro leyó la invitación, comenzó a reirse a carcajadas y decía una y otra vez: "¡¿Josecito va a hacer una fiesta?!, ja ja ja!!, jo jo jo!!", no podía parar de reír, pensaba que nadie asistiría a la fiesta de ese ratoncito tan quejoso que siempre le pedía bajar el volumen de la música y a sus invitados, que no gritaran tanto.
Llegó el día de la gran fiesta y para sorpresa de José, no había sido rechazada ninguna invitación, salvo la de Pedrito, quien a esas horas descansaba muy cómodo en su cama. Todos estaban muy contentos con la fiesta de José, todos reían y bailaban, pero de tantos gritos, no se podía escuchar la música, entonces subieron el volumen aún más alto. Pedro dió un salto en su cama, ¿qué era aquél ruido tan fuerte?, ¿quién había puesto la música tan alta? ¿y esos gritos?, se daba vuelta tapándose con la almohada pero nada, los golpes de la música le hacían vibrar todo el cuerpo. Entonces se dio cuenta de que la música provenía de la casa de José y pensó que no podía ser!. Pedro se levantó y fue hasta la casa de su vecino, le dijo que estaba cansado y no podía dormir, que por favor bajaran la música y no gritaran tanto. Pero José hizo exactamente lo que Pedro siempre le hacía, lo ignoró y toda Ratonlandia siguió de fiesta.
Pedro entonces comprendió que uno debe ser cortés con los demás y no hacerles lo que a uno mismo no le gusta que le hagan. Al día siguiente Pedro le pidió disculpas a José, prometiéndole que en sus próximas fiestas, procuraría no subir tanto el volumen de la música y que le pedirá a sus invitados que no alcen tanto la voz.
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